Xavier Zubiri: la confiada entrega


Entrega que no es abandono ni huida de sí. Que no es un acto de comodidad ni de desesperación, sino que es forma de acceso del hombre a Dios.

Sobre esta dimensión del encuentro religioso (que él considera plenaria), ha meditado y escrito, admirablemente, Xavier Zubiri. De su libro El hombre y Dios recogemos estas precisiones, impresionantes, excelentes.

La entrega (la confiada entrega a Dios) es ante todo una actitud, una dimensión positiva, una realidad activa.
Entregarse no es el abandono. Abandonarse sería huir de sí: en el mejor de los casos confiar en Dios haciendo las cosas por uno mismo (confiando desde un irrecuperable acto de comodidad o desesperación).

La entrega es todo lo contrario. A la acción donante de realidad por parte de Dios, responde el hombre con una acción positiva, entregándose, yendo hacia la realidad absolutamente absoluta a Dios.

Entregarse a Dios es, ante todo, ir a Dios como realidad totalmente última. En este aspecto la entrega reviste la dimensión concreta del acatamiento, que es ese especial reconocimiento de mi relatividad frente a lo absoluto: acatar la plenitud insondable de esa última realidad.
(En ese acatamiento van envueltos todos los momentos morales del hombre).

Es también libertad. El hombre se entrega a Dios no sólo como ultimidad, sino como supremo posibilitante. (En este aspecto la entrega tiene un momento específico: es súplica).

Es, por último, impelencia suprema: el hombre reposa en Dios como fortaleza última(apoyo firme y fuerte en que Dios consiste, refugio).

Son tres momentos de la entrega del hombre a Dios (acatamiento, súplica, refugiarse) esencialmente distintos pero de algún modo inseparables.

El encuentro del hombre con Dios no es una relación extrínseca (como si Dios fuera un objeto al que el hombre pudiera o no proponerse llegar).

Por el contrario es un diálogo. La presencia de Dios (y en ella su accesibilidad), se impone por sí misma, más allá de cualquier razonamiento, de cualquier comprobación.

Dios y su donación son personales. Por tanto la entrega no es solo una acción positiva, sino una acción estrictamente interpersonal. Va dirigida de la persona humana a la persona de Dios. Y de la persona de Dios a la persona humana, a cuya entrega llama.

Por eso, sépalo o no, todo hombre tiene experiencia de Dios. No es la experiencia empírica de un objeto, sino una experiencia metafísica de la fundamentalidad de su ser personal.

Desde este aspecto, el encuentro con Dios es un pleno diálogo. La fenomenología del encuentro religioso engloba de ese modo el núcleo de la relación dialógica.

N.de R:
El libro El hombre y Dios fue publicado en primera edición en 1984. Existen varias ediciones posteriores. Otros libros destacables de Zubiri son: Sobre la esencia (1962), Inteligencia sentiente (1980), Inteligencia y logos (1982) e Inteligencia y razón (1983). Los párrafos citados en este artículo pertenecen a la obra indicada en primer término, tercera edición, publicado por Alianza Editorial, Sociedad de Estudios y Publicaciones, Madrid, 1985.