lunes, 2 de junio de 2014

Nazim Hikmet: Nazim de las prisiones


“De sus prisiones vino a ser mi hermano…”
Pablo Neruda, Las uvas y el viento.
                                                                                 


Este maravilloso poeta, este hombre a quien Pablo Neruda llamara Nazim de las prisiones, nació en Turquía, en 1902.
Desde los catorce años hasta su muerte escribió cuentos, crónicas, novelas, teatro y sobre todo poemas, revelando en cada una de sus obras un inmenso talento creador y una inabarcable sensibilidad humana.
Su militancia política, su preocupación por las cuestiones sociales y su obra literaria, que más allá de las prohibiciones se difundía por toda su tierra, le acarrearon persecuciones terribles.
Torturas, procesos, exilios, prohibición de ingresar a su país.
Dieciséis años de su vida transcurrieron en prisión.
La presencia de la cárcel (como realidad o como recuerdo) fue una constante en su vida.
En 1970, en Buenos Aires, el Centro Editor de América Latina publicó en un volumen dos obras suyas: Poemas (traducida del francés por Amaro Villanueva y Julio H. Meirama), y Duro oficio el exilio, traducida del inglés en colaboración con el propio autor, por Alfredo Varela.
De esa edición transcribimos la bellísima poesía en la que, en medio de la persecución política, habla a la mujer amada y al hijo por nacer.
En 1950, Nazim Hikmet, fue liberado de su último encierro a causa de la fuerte presión internacional.
Pasó sus últimos días viajando y escribiendo.
No pudo volver a entrar en Turquía. Murió en el exilio, el 3 de junio de 1963.


La una de la mañana


El mantel es azul
encima nuestros libros
valerosos, sinceros, sonrientes.
                      
Mi amada
regresé del cautiverio
de la torre
que tiene mi enemigo
en mi propio país.

           
Una de la mañana
nuestra lámpara aún sigue encendida
acostada a mi lado, mi mujer.
                      
Está en su quinto mes
y cuando con mi piel rozo su piel
cuando sobre su vientre deposito mi mano
el niño se remueve y se da vuelta.
                      
como la hoja en su rama
como el pez en el agua
así el niño del hombre en la matriz
mi pequeño.

La primera batita de mi niño
es de lana rosada
su madre la ha tejido.
                      
El cuerpo es sólo un palmo de mi mano
las mangas ¡grandes como mi pulgar!
                      
Mi pequeño,
si llegara a ser niña
que de pies a cabeza se parezca a su madre.
                      
Si es muchacho
que tenga mi estatura.

Si es niña
que color de avellana sean sus ojos.
Si es muchacho
que su mirada sea intensamente azul.

Mi pequeño,
sea niña o muchacho
no importa a cual edad
no quiero que lo metan en la cárcel
por amar la justicia, la paz y la belleza.
                      
Pero es claro
mi muchacho o mi niña
que si el día que ansiamos se retrasa
vas a pelear e incluso...
                      
Es un oficio duro, aquí y en nuestros días
el oficio de padre.
                      
Una de la mañana
nuestra lámpara aún sigue encendida
tal vez de aquí a un momento
quizá cuando amanezca
van a forzar mi puerta
van a arrestarme, van a conducirme
con mis libros
los de la policía política a ambos lados
                      
yo miraré hacia atrás
mi mujer quedará junto a la puerta
                      
y en su vientre lleno y pesado,
el niño se dará vuelta una y otra vez.