La búsqueda del otro

H. N.

Hay una instancia presente en cada diálogo: la búsqueda del otro.

Una búsqueda que trata no sólo de encontrarlo, sino de acompañarlo en el significado profundo de su existencia. Su autonomía, su libertad, captación de las diversos aspectos de la verdad.

Búsqueda difícil, que sabe de cansancios y destiempos.

Que debe vencer dificultades y dolores.

Pero que resume la escondida voluntad de ser.

Es un movimiento inagotable, porque cada otro es inagotable.

El diálogo cuyo núcleo es el amor, por ser amor, como el amor se proyecta para no concluir nunca.

Siempre habrá momentos, regiones inesperadas, silencios y palabras del otro que, de pronto, enriquezcan la magnitud del encuentro.

Es la apertura a la eternidad del ser.

La plenitud del diálogo, que es el diálogo mismo, es su continuidad sin límite: su ser inacabado permanece siempre, venciendo hasta la experiencia traumática de la muerte.

Por eso todo diálogo lleva escondido,  implícitamente, la búsqueda del otro infinito.

Aquel con quien, detrás de la última letra, se rehaga una nueva letra en la que renazca, una y otra vez, la palabra.