Reduccionismo

H. N.


1. La palabra que da título a este ensayo puede motivar distintos desarrollos, según la concepción sobre el conocimiento humano desde la que se proponga.

Aquí la ofrezco desde de una perspectiva realista.

Quiero decir: a partir de la idea de que quien piensa trata de recuperar una realidad que es externa a su propia reflexión.

Y que puede y quiere hacerlo, de modo que su intelección no la distorsione.

2. Lo correcto de esa reflexión ocurre, según este criterio, en la adecuación del pensamiento al objeto, que se realice con fidelidad al objeto pensado.

La palabra reflexión (de reflejar) o su variante especulación (de espéculo, espejo) refieren precisamente esa correspondencia entre quien observa y piensa y lo observado y pensado. 

Entre lo espejado y el espejo.


3.  Desde este punto de vista, el reduccionismo muestra un raigal desajuste.

El pensamiento no recobra lo que quiere aprehender.

Asume una porción de la realidad y la extiende a un círculo de copresencia que no alcanza a develar.


4. Quien reflexiona observa solo parcialmente una realidad.

Ve un segmento de ella y lo asume como todo.

Se engaña a sí mismo, se confunde.


5. Supongamos una configuración numérica: 1, 2, 3, 4, 5.

Reduccionismo significa ver solo: 2.
Y proyectarlo como realidad total: 2, 2, 2, 2, 2.

Los demás números quedan ocluidos por una visión reducida.


6. El reduccionismo se ha dado en una inmensa cantidad de episodios a lo largo de la historia, que luego de observaciones renovadas y compartidas, se pudieron rectificar.

Muchos otros lamentablemente subsisten.

Esto ha sido y es especialmente dañoso. Una reflexión reducida abre a definiciones erróneas.

El ligamen entre el conocimiento y la práctica es muy estrecho. Los caminos se confunden si se los muestra equívocamente.


7. El origen del reduccionismo radica en la condición situada del hombre.

Desde cada uno, la perspectiva de la realidad es limitada.

Ya se trate de una situación natural o cultural, tópica o histórica, siempre se reduce la visión del mundo y de las cosas.

El conocimiento universal, el que proporcionaría el árbol de la sabiduría  plena, nos ha sido vedado.   
    
El problema se agrava porque a cada uno le es imposible “des-situarse” salirse por sí mismo de su propia condición situada.

8. Los derivados de nuestra perspectiva reducida de la realidad (los más graves) son, posiblemente, el absolutismo y el relativismo.

Y sus correlatos empíricos, fanatismo y escepticismo.


9. El absolutismo ocurre cuando esa perspectiva se afirma como total.

Quien sucumbe a una mirada absolutista se cree dueño de la verdad.

Se atrinchera en ella.


10. Como su visión de la porción que intelige es correcta (solo que circunscripta por un límite que no alcanza a descubrir), su insistencia ante cualquier duda o controversia se vuelve a tal punto extrema, que es fácil caer desde el absolutismo en el fanatismo.

La presencia de este último en la historia (guerras políticas, persecuciones religiosas, dictaduras…) ha dado lugar a terribles catástrofes.

11. El relativismo a su vez se da cuando desde una perspectiva reducida se afirma una realidad variable, determinada en cada caso por el ángulo de mira desde el que se trate de intelegirla.

“Cada cosa es según el color del cristal con que se mira”, pareciera ser su lema.

A partir de esa visión perpleja, la búsqueda de la certeza se vuelve ilusoria. Error y verdad se igualan, hasta el punto de desaparecer.

Todo termina siendo al mismo tiempo uno y otra.


12. De la mano del relativismo llega el escepticismo. Es su derivado empírico  casi inevitable.
  
Es la decepción profunda ante un conocimiento que se diluye en una innumerable multitud de variantes posibles.     

13. La cantidad de horrores, de males políticos, sociales, personales, que ha suscitado el escepticismo en la historia de la humanidad, es equiparable a las originadas en el fanatismo. 


14. A pesar de que inicialmente parecieran proponer praxis antagónicas,  absolutismo y relativismo son expresiones del mismo problema: una visión desfigurada de la realidad por la sumisión del observador a la situación en la que se encuentra.


15. Si el reduccionismo conduce antes que nada a un fracaso existencial, la única solución a la distorsión que se presenta con él es la victoria del hombre sobre su propia situación.  
  
El poder salirse de ella, el poder ser uno, más allá de los condicionamientos a los que ella pareciera someterlo.
  
Y en este punto es válido recordar aquella notable sabiduría que recuerda el salmista: “nadie puede rescatarse por sí mismo”.

16.  Efectivamente, sin el otro, sin cotejar con el otro las propias percepciones e intelecciones, es imposible buscar un reflejo adecuado de la realidad.

A la situación solo la vence el diálogo.   

Es posible que la verdad (toda verdad) siga siendo parte de una búsqueda no conclusa.

Pero el diálogo acerca a tramos de ella, a fragmentos nada despreciables.

En ese indispensable salirse del reduccionismo, el encuentro con el otro vuelve a mostrarse, como en tantos otros aspectos, el momento central de la existencia, su núcleo esencial.



Post scriptum:

Ante preguntas que me han formulado quienes leyeron inicialmente este trabajo, debo aclarar que absolutismo y relativismo identifican un reduccionismo ontológico. 

Revelan una realidad intelegida de modo distorsionado, a partir de una situación que domina al observador y ocluye momentáneamente sus posibilidades de crítica y rectificación. 

Pero puede existir, en otro sentido, un reduccionismo sólo metodológico, que se da cuando alguien asume, deliberadamente, una porción de la realidad para reflexionar o actuar sobre ella.

En este caso, la sumisión del observador desaparece. Y el problema de base también.