Itinerarios humanos del Derecho, de Sergio Cotta


Traduccción –y estudio introductorio- de Jesús Ballesteros. Ediciones Universidad de Navarra S.A. Pamplona, 1978.


Sergio Cotta es, seguramente, uno de los pensadores contemporáneos a los que resulta imposible soslayar cuando el derecho es examinado desde una perspectiva de existencia.
Diáfano, con una claridad que deviene sencillos los problemas más complejos; original, aun en orden a cuestiones que han fatigado la atención desde los tiempos más antiguos; artífice de preguntas y de respuestas profundas; dueño de un patrimonio conceptual estricto; Cotta aborda permanentemente, en la multitud de sus libros, ensayos, notas, comunicaciones a congresos, siempre con agudeza, con una impresionante penetración, temas que, teniendo como protagonistas al hombre y su derecho, van desde su libertad, o desde la obligatoriedad de las normas que regulan su conducta, hasta el significado de la autoridad o de la ley, o de la presencia o ausencia del nombre de Dios en el pensamiento jurídico.

Radicalmente, comprometido además por una concepción humanista, cristiana, la producción intelectual de Cotta se abre en facetas múltiples. Y así, tanto en la enseñanza como en la investigación y en la reflexión, sus trabajaos hablan permanentemente de la presencia del otro, de las perplejidades y conflictos del desencuentro, pero y sobre todo, de la inefable realidad y esperanza del amor.

Itinerarios humanos de derecho es una recopilación de diversos trabajos escritos en los años inmediatamente anteriores a 1972, a los que unen una idéntica preocupación existencial (“¿…qué pensamiento sería aquel que no se nutriese de la experiencia integral de una vida, en todas sus inquietudes y curiosidades, desilusiones y esperanzas…?) y una decisiva pregunta filosófica: ¿cómo se inserta el derecho en el proyecto de existencia del hombre? (“¿Qué papel y qué importancia posee el derecho en el complejo ámbito de la existencia humana…?).

Sobre la base de esos interrogantes, Cotta despliega su camino: incitante, apasionante, apasionado. Ligando las reflexiones nuevas a los textos clásicos, buceando siempre en las dimensiones y aperturas más cruciales del hombre (en sus aciertos y fracasos, en sus encuentros y en sus desencuentros) las cifras y los signos del derecho que le preocupa.

El libro comienza con un trabajo sobre la decisión y el juicio (a los que recíprocamente implica) y la libertad. Seis capítulos lo integran y están referidos sucesivamente a la libertad de decisión, a la libertad del juicio, a las condiciones del juicio (la presencia de aquel juzgado, la transparencia y la simpatía), a sus paradojas, a su criterio y a la trascendencia dela libertad. En ellos Cotta despliega argumentos sobre la responsabilidad autónoma y heterónoma, reflexiona sobre el juicio en masse del que renegaba Kierkegaard, examina la necesidad de referencia un criterio valorativo donde la insuficiencia interna del juzgar sea superada, y propone un horizonte de trascendencia, aquel en que la develación del ser constituya un episodio inseparable de su ocultamiento.

Estos temas que luego serán recuperados, completados y profundizados en los otros ensayos que componen el libro, adelantan ya los significados más profundos de la filosofía de Cotta –su ontología, su antropología, su ética- y devienen por tanto una preciosa introducción a los subsiguientes trabajos.

El segundo de los desarrollos está referido a las referencias recíprocas entre los significados de la ley, la conciencia y la autoridad. En su tratamiento Cotta asume decididamente lo que constituye el núcleo del pensamiento dialógico: el yo es en la medida en que es en relación: fuera de la relación, incluida la relación de creación, no existe humanidad concreta alguna.

Esa relacionalidad esencial del yo que define la configuración estructural de la conciencia del hombre como lugar de acogida (“…fuera de la relación con el otro yo no existo…”) perfila también su estatuto ético: no puedo negar al otro su propia dignidad sin negar al mismo tiempo mi propia dignidad.

Este capítulo es, posiblemente, el que más discusiones suscita. A veces nos ha parecido observar un salto –lógico o tal vez ontológico- entre la intencionalidad y la intersubjetividad de la conciencia y entre esta y ciertos contenidos éticos que parecen inferidos exclusivamente a l partir de ciertas estructuras a priori, en las que el deber desplaza irrecuperablemente al amor. Pero esas controversias y consideraciones son en última instancia el reflejo profundo del alto valor sugerente de este trabajo, al que es imposible abordar sin fuertes asunciones de compromiso filosófico.

El tercero de los tratamientos está referido a la relación entre política y derecho. Dos postulados definen el aspecto central del enfoque dado a este delicado tema: la dimensión dialógica del hombre –a nivel ontológico- y la vastísima gama de formas con que la relación se presenta en el nivel óntico o fenoménico-. Estas formas, que Cotta resuelve en el esquema bipolar: amistad-enemistad (impulsos solidarios e impulsos destructivos) son las base luego para considerar –desde el prisma de sus convergentes perspectivas- las líneas divergentes del derecho y la política, en el nivel interpersonal y en el nivel social, y sus entrecruzamientos y combinaciones en la realidad histórica.

El significado escatológico del derecho es el contenido a su vez del cuarto de los trabajos aquí agrupados. En él se abordan tanto el origen y el significado del problema, como las dos direcciones fundamentales que, según el pensamiento de Cotta, ha seguido su dilucidación.

Los párrafos finales de este análisis plantean, con particular lucidez, la necesidad de no asignar el derecho ni una realidad exhaustiva y suprema (“una presuntuosa sobrevaloración”), ni llevar a postular su desaparición. (“El principio destinado a sustituir íntegramente al derecho, la caridad, no puede alcanzar plenitud de expresión ni de expansión en este mundo…”).

El quinto trabajo examina el testimonio positivo y el testimonio negativo del derecho en orden a la inocencia.

El sexto, con el que concluye el libro, los significados de la referencia al nombre de Dios en los textos del derecho, constituye un cierre particularmente logrado para esta obra admirable, y en él de alguna manera se sintetizan a grandes trazos las líneas fundamentales que plantea el libro.

Itinerarios humanos del derecho es ya un clásico del pensamiento humanista: su sentido más precioso está en esa permanente referencia al carácter absoluto de la llamada del otro, en la que Dios se manifiesta. Su estilo, su contenido, su permanente invitación a reflexionar me llevan a recomendarlo entusiastamente.